Apagamos la luz para no ver las sombras,pero a oscuras tampoco podemos mirar de frente al miedo,al dolor,al fracaso,a la decepción,a las dudas…

Nos ponemos la venda en los ojos para sentirnos menos culpables si tropezamos o nos perdemos por el camino.

Y entonces nos quedamos ciegos,y dejamos de ver los paisajes bonitos y los pequeños detalles que hacen que la vida sea grande.

Apagamos la luz para no ver las sombras pero a oscuras no se vislumbran las sonrisas,ni los ojos que te miran enamorados,ni el color del alma que elegiste aquel día para que te acompañara.

Apagamos la luz ,esa que un día iluminaba todo a su paso.

Unas veces nosotros mismos,otras veces son otros los que pulsan el interruptor y nos dejan a oscuras,a oscuras cuando más perdidos estabamos y entonces nos perdemos aun más.


Y es que a oscuras,a oscuras solo nos gustan las noches estrelladas.

Solo nos gusta la oscuridad de cuando nos tapan los ojos para sorprendernos cuando menos lo esperamos.

Porque aquellos que no esperan ya apagaron su luz hace mucho más tiempo entre las tinieblas de su propio miedo,el miedo a esperar sin recibir nada a cambio.

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